Tomaron de mi mano lo que no les pertenecía, y en mi grito escuche un tono de mi voz que nunca había oído, corrí el callejón que nunca temí, y cobro su cuota sin mi permiso, de todas las noches que pasaba sola sin temer, mis cánticos tímidos, se volvieron esos espantosos gritos de auxilio.
Y era tan avanzada la noche, que el reloj me marco el tiempo de escribir un resumen de mis actos y escribirlos con la tinta de mis lágrimas, en el cuarto de baño con la luz apagada y gimiendo de desesperación. Culpaba a mi pecado por este incidente, si la lógica era que a mi nunca me hacia daño nadie, ¿Porque estaba vez si?, ¿acaso Dios me había dejado llegar hasta aquí para que aprendiera?.
¿Eran acaso lo nombres de aquellos encapuchados, "Simple" y "Malo"?. Lo digo porque me sigo culpando de aquello, y creo que fueron mis actitudes simples, y malas; hacia todo lo que hago, las causantes y las que pudieron evitar mi infortunio.
Avecez, se que debo ver la mano, y los quiero hacer, y me convenzo. Mi mano permanece quieta.
El avisado ve el mal y se esconde; Mas los simples pasan y reciben el daño. (3)
El que sembrare iniquidad, iniquidad segará,Y la vara de su insolencia se quebrará. (8)
Proverbios 22