Un minuto inconciente.

Abrí los ojos ésta mañana, sabia que hoy era el día cero. 
Después del día cero no hay tiempo para prepararse. Es una actividad tras otra. Me levante más liviana de lo normal, hacia la cocina de nuevo no hay nada que me llame la atención, aparte de la computadora, que ésta ocupada. Faltaban solo 8 horas para la jornada que no acabaria hasta el domingo por la tarde. Esta vez decidí ser realista y elegir solo tres cosas que hacer, entre las mas necesarias eran; lavar la ropa que necesitaria hasta el domingo, estudiar para mi clase del domingo, y hacer horarios para el registro de materias el viernes. El panorama era desalentador, con un cuarto en construcción justo en el área de lavado, otro ente más que necesita la computadora, y mi falta de concentración en entender los confusos lenguajes visuales para hacer mis horarios. Debo lavar primero para que la ropa se alcance a secar. Por un momento debatí si debía lavar entre las ruinas del patio y mi cuñado construyendo en el ó lavar en casa de mi hermana.   Cómo fui sin avisar, encontré con qué ella también se había dado cuenta que el sol hoy había dictado dejarse ver, para nuestro deleite y porqué no, también para ahorrarnos el uso de secadoras y ventiladores. Por causa de su apuro intente hacerle ver que no me importunaba esperar a que terminara. Ni lenta, ni perezosa, me monte a su bicicleta ejercitadora, afloje un poco el tornillo, y como no llevaba ningún cuenta tiempos, visualicé uno frente a mi. Casi alcanzando los cinco minutos desfallecía. Y, volvía a revivir proyectandome en la chica de mi edad que concursaba en un programa para bajar de peso. Ella lo tenia todo, porque no se rendía, era constante y perseverante, aún a pesar de no contar con apoyo de ningún tipo de su familia. Yo, decidí abandonar cuando sentí que mi cuerpo era un globo al desinflarse y caer al piso después de haber volado alto, y caí en el sillón. Al mismo tiempo mi cuñado era desenterrado de los escombros en mi patio, de el techo que construía. El se encontraba peor que yo, pero aun así pedí un poco de auxilio, que no llego hasta después que mi vomito les envió un mensaje directo de "Hey no bromeo, ni intento llamar la atención, solo denme un dulce y dejare de molestarlos". Después que pude hablar, me uní a la tierna turba que aconsejaba a regaños a mi cuñado. Después era interrumpida con un -Tu ni digas, que eres igual que el.-. La moraleja es que cuando te sobre exijas terminaras con raspaduras, chipotes, vomito, desmayo, tierra en la espalda, y, un minuto inconsciente.

El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza. (7)
Entonces me llamarán, y no responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán. (28)
Por cuanto aborrecieron la sabiduría, y no escogieron el temor de Jehová, (29)
Porque el desvío de los ignorantes los matará, y la prosperidad de los necios los echará a perder; (32)                                                                                                         Proverbios 1